Al ritmo cha cha chá de la cebolla


“La  lumbre alta recibió de golpe a la sartén
y ésta al aceite
y el aceite a la cebolla en juliana.
¡Cómo cantó la cebolla!,
en un crujir que se alargó en repetidas eses
puso a bailar mi boca
e imitarla suavecito y apretadito.
Bailaron mis labios,
se juntaron al sonido de consonantes
se abrieron al sonido de vocales
y otras con el ritmo del cha cha chá de la cebolla
al soltar sus jugos y aroma.

Él me observaba y de a poco se acercó.
Yo le dije que esperara,
que no rozara mis pechos
adormitados mientras cocinaba,


Les comparto amigos ciberlectores, algunos poemas de mi poética culinaria. 
Antes, les dejo esta reflexión personal sobre la misma.

¿Por qué cocina y poesía?

Descubrí en mi cocina, un lugar de creación y mixturas,
de temporadas y no de permanencias,
de libertad y no de esclavitud.

Encontré los olores en las texturas de mi poesía,
en sus frituras, inmersa en sus sabores.

Atiné mil misterios en el fuego que transforma mi yo en verso,
recreación en el poema de mi vida.

Cada poema con su propio ritmo, corazón, confituras y sazón.
La invitación es a que leas el primero, los que siguen, hasta el último.

Dina Luz

Concierto sobre el fuego

 Foto exclusiva para "Concierto sobre el fuego", tomada por Dina Luz Pardo

Me insinué ante tidesde antes que encendieras el fuego.
Ya habías irrigado algunos aceites sobre mi piel;
escogí una que otra especia que me perfumara
y le esparcí picante
a esta parte de mí que tu fuego consumiría.

Me posé sobre ti, fuego del sábado,
el concierto de final de semana había comenzado,
nacía la simetría exacta de la cocción.
En ese término,
oía la quinta sinfonía de Beethoven
mientras me fundía en tu fuego,
veía ángeles vestidos de humo
mientras hacía ondear mi pelvis

Después de un toque a la puerta, mote de queso -cuatro quesos-

Este no es un mote convencional, ni el original de mi tierra.
Es un plato evolucionado, algo gourmet, casi crema, mi receta.


Foto exclusiva para este poema de "Concierto sobre el fuego"
tomada por David Britton

La brisa aún no me traía los olores de mi amado.
El ñame ya desecho y fundido tras mi meneo constante;
el mote de queso estaba casi listo.
Le había agregado el sofrito de ajo y cebolla,
queso criollo fresco y duro
y queso crema.

La brisa aún no me daba visos de su pronta llegada.
Desprevenida rallaba queso mozzarella,
cuando su respirar se prendió
en el lóbulo de mis emociones.

Ahí estaba él, tras de mí,
confabulado con la brisa tras un toque tardío a la puerta;
sus labios recorriendo mi cuello,
como si condujera por la vía al mar, pero sin prisa,
toda la vía era suya;
al rozar mi pecho, ¡vaya!,

Portal de los dulces

Foto exclusiva para este poema de "Concierto sobre el fuego"
tomada por David Britton
¡Escúchame mi bien!,
hay un camino entre pórticos,
ruinas pintorescas y balcones coloniales
que destila dulzura en su fascinante travesía.
¿Qué tal si te invito a este dulce festín?

Iniciemos la ronda probando
una “Cocada” blanquecina,
que como colina nevisca
quiere derretirse en nuestros mares.

Boca que se hace fruta en tus besos

Con el cabello untado de chocolate
y entre sus hebras pedacitos de macadamias,
con la boca roja y descascarada
soltando sus jugos como la fruta de la pasión,
con la piel barnizada en mieles y te quiero´s,
te beso a ti, te acaricio a ti,
melcochando tu piel suave como pan,

Postre de los frutos del bosque y de mis frondas

¡Ay!, si el campo silvestre supiera de mi desgajo
al saberte bañándote en mis mieles rojas,
con el ropaje de los frutos del bosque y de mis frondas,
siendo fresa triturada, mora emulsionada,
agraz entero y frambuesa trozada,
fusionándome como postre.

Receta para ser degustada desde el baño

En este baño no hay cuchillos ni tablas para picar,
sólo el filo de mis manos y mis labios.
En este baño aún sigo siendo pescadora,
cazadora y cocinera de tus insinuaciones.

Como Bocachico frito, sudado en leche de coco

 Foto exclusiva para este poema de "Concierto sobre el fuego"

tomada por David Britton

Compraría una atarraya
que se pareciera a mis labios,
esperando atraparte en el fuego de mi aliento,
arrollaría cada escama del tiempo,
los recuerdos en tu piel,
hasta que lograras navegar en mis besos.

Sabores de invierno

Este invierno con brasa de lluvia
y fuego húmedo en sus aguas profundas,
Lo presiento en su voz de lluvia madura,
del calor y de este grado de humedad.

Antojos

¡Se me antoja mucho de ti!
Se me antoja saltearte y saltearte hasta dorarte;
luego glasearte y servirle
a mi apetito voraz y encantado,
mi antojo en remojo, madurado y sellado al calor.

La receta de hoy

La receta de hoy


La cocina  esperó por mí
para hacer de ti mi mejor receta.

Adobé tu piel con dulce fragancia de naranja,
le puse la sazón de mis manos
y a los olivos le extraje su opulento aceite,
para que el roce fuera fluido, suave, armonioso.

Cocinerita

 A ti, carne de mi carne, sangre de mi sangre, amada hija: Camila por siempre

Imagino que la cocina no está sola con sus ingredientes,
con sus sartenes y sus vapores.
Imagino que justo sobre el mesón ella está sentada,
con la tabla para picar verduras sobre sus piernas.

Suele suceder que mientras cocino,
la cocina no está sola,

Te recuerdo dulce con tu sonrisa de plátano maduro


                             A ti amada hija: Camila por siempre

Te recuerdo dulce con tu sonrisa de plátano maduro
y mirada amorosa teñida con corolas de ternura.

Eras la niña aquella de largas faldas,
de brillantes en tus turbantes,
la que transformó mis días en festines
y desvelos de regocijo.

Digo sonrisa de plátano maduro,
porque en ti todo era dulzura,

Evocaciones envueltas en guisantes e íntimos aromas

La tarde llega cargada
de evocaciones envueltas en guisantes
en la fresca memoria de mis días.

La casa es la suma de íntimos olores,
la sala siempre guarda en los muebles
el perfume silencioso de la noche
y a mar en constantes olas taciturnas.

El baño es una mezcla de fragancias cítricas,
se respira frescura en él.
En el patio la ropa recién lavada sobre los tenderetes,
se impregna de un sutil aroma a flores del campo.

La habitación huele a secretos y recuerdos,
a chispas de vainilla y a historias de amores serenos;
aún la calle, guarda ínfimos olores
de mi paso cotidiano por ella.

Ya no hay fuego en la hornilla de la abuela

 Foto exclusiva para "Concierto sobre el fuego" tomada por Dina Luz Pardo



Mamá llora en esta mañana.
Cascada de imágenes de mi abuela, ha bañado su rostro.
Percibe el olor a pueblo adherido a su piel,
alrededor de una tiznada olla sobre la hornilla encendida,
recuerda cómo desprendía el aroma de sus guisos.

Paladares

Poco sé y lo poco que sé,
tal vez sea nada ante los entendidos:
Cabernet, Merlot, Petit Noir,
Torrentés, Chardonnay, Sauvignon Blanc,
placenteros vinos tintos y blancos tradicionales,
de aromas a barrica, a clavo de olor,
a viejo oriente, al sur suramericano.

El último sorbo, la última esencia

                                                                                         A nuestros caficultores
                                                         y a los tomadores del buen café colombiano.


 Foto exclusiva para  este poema de "Concierto sobre el fuego", de David Britton

Lo vi venir cargado de olores penetrantes,
de aromas a cafetales coloridos,
a besos en la noche, al sol de la tarde,
a montañas de octubre.
Vertía con la molienda aceites
que dejaban a su paso
la marca de buen colombiano.

Cantata de tamarindos en su salsa

Foto exclusiva para "Concierto sobre el fuego" de David Britton

Esta tarde se mece con el sonido
de tamarindos maduros,
desprendiéndose de su cáscara
agridulces y carnosos.

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Cacao: maravilla prendida al paladar/ COMENTARIOS AL POEMARIO


Las bolas de cacao es un amasijo hecho de maíz Cariaco,
cacao, azúcar y especias como el clavo de olor, la canela,
nuez moscada, pimienta de olor y picante.
Algunas lo saborean como bombón relleno,
yo como en tiempos de mi abuela.
Algunas son racistas y aún así
se desvanecen en su amargo encanto.
Así es la semilla del cacao,
alma de pájaro chirrío
resonando en mis papilas gustativas,
resbalándose a cuenta gotas.
Después de tostado, triturado, molido y mezclado,
con maíz y especias que lo enaltecen y lo hacen imponente,
queda hecho bolas que deshago en agua y leche,
bolas que hierven, bullen, huelen,
incita más que a mis cinco sentidos.
Este negrito de saborcillo amargo, se hace dulce,
picante, oloroso, sin pudor, relajante, excitante,
cremoso, espeso y espumoso.
Dios me habla en sus flores y semillas de cacao,
me dice y me cuenta que con trozos de queso fundido
y un pedazo de pan, ¡para qué pedir más!,
si a la cima de los sabores se llega
con esta maravilla prendida al paladar.

© Dina Luz Pardo
Del Libro: Concierto sobre el fuego








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